“Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra”. 21º.

Estimadísimo Llorón, discúlpame por haber tardado tanto en contestar. No sabía que, en realidad, me estaba reservando para el día en el que el país estuviese verdaderamente hundido en la miseria.

No sé muy bien cómo empezar a hablar hoy. Una mezcla de rabia y de impotencia me tiene maniatada. Y sí, lo sé, debería ser más bien todo lo contrario.

Ayer por la noche, tras 19 largos días caminando desde León, Asturias y Palencia bajo un sol de justicia, llegaban los mineros a Madrid. Es la llamada “marcha negra”. Miles de personas salían a recibirlos y a darles la bienvenida con lemas como “Esta es nuestra selección”. Estoy segura de que cuando la roja ganó pudiste ver en riguroso directo cómo las calles se inundaban de gente que salía a recibir a sus héroes. Las mismas calles. Te lo prometo. Exactamente las mismas. Pero, por desgracia, también estoy segura de que de la marcha negra te enteraste por las redes sociales. De la revolución la tele no informa.Imagen

Pero no importa, retransmitiendo en riguroso directo, en esta ocasión estaba el pueblo. Supongo que a veces sobran los mediadores. Esta misma mañana, mientras ellos protestaban en las calles y mientras ya otros colectivos se les habían sumado, el presidente comparecía en el Congreso de los Diputados. Tenía algo importante que comunicar: había tomado 35 nuevas medidas para horror del pueblo.

¿Y qué estaba ocurriendo mientras en las calles?- te estarás preguntando. Te lo contaré, aunque el relato no hace más que llenarse de fango…

Mientras tanto, fuera del Congreso, la policía arremetía duramente contra los ciudadanos. Golpeando, disparando con pelotas de goma, causando decenas de heridos y olvidando que ellos tampoco tendrán extra de Navidad. En redes sociales como Twitter se había hecho poderoso el hashtag #sangreminera.

Y, ¿sabes? A su paso por Moncloa los mineros avisaron: “Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra”. Y asusta, da miedo. Porque por momentos esto de verdad huele a guerra. Porque parece que ya todos hemos elegido bando, porque en el instante en el que ya no nos quede nada que perder abriremos fuego. Y tal vez, dentro de muchos años, les podamos contar a nuestros nietos que así comenzó la reconquista de nuestros derechos.

Pero bueno, ya sabes que detesto el sabor amargo. Así que voy a despedirme con una imagen que hoy encontré en el Facebook de Helena Rojo. Ponle el título que quieras, yo le pondría “Amor en los tiempos del cólera”.

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Hasta pronto.

Matrioska

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